Confinados

El ensayo sobre la ceguera de José de Sousa Saramago sobre la ceguera blanca, es una crítica alegórica a la sociedad asentada en el miedo al otro y el sálvese quien pueda. “No es que nos quedemos ciegos, es que no vemos”.

Hemos visto después de la ceguera
al vecino que apenas conocíamos
cantando con nosotros a los héroes
que se la juegan en sus batas blancas.

Los bulos que segregan cortisol,
la hormona del estrés y el desamparo,
palabras que son balas asesinas.
Otras que  conforman
grupos de rescate,
que se niegan a volver como corderos
a la cautividad de Babilonia,
al señuelo de Pitón y de Ramsés,
al redil de la Escuela de Chicago,
al contagio global del ecocidio.

Con Quevedo y Cervantes hemos visto
agriados adivinos del pasado
que, como el mono del de Pasamonte,
no tienen ojos para lo futuro.
El chamán con recetas caducadas,
versado en deuda pública o privada,
experto en Bolsa y en teología.
Que la toma de Ostende es cosa hecha,
secando el mar del Norte con esponjas,
poder se puede, insiste en su ceguera,
lo de ser imposible, es otra cosa.

Volando sobre los pinos
de copas circulares
comparto los anhelos
con otros confinados:
¡perder las escamas!
¡ganar el futuro!
soñar lo distinto!

A lo lejos titilan las estrellas
del templo de lo heroico cotidiano
donde nace lo sano de lo enfermo,
donde brota la rama en la quebrada.
Para aquellos que velan por nosotros
este láser de luz y de empatía.

Pepe Álvarez de Paz.

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